jueves 21 de mayo de 2009

¿Y DE QUIEN ES LA CULPA?


Muchas veces esta es la pregunta que parece erguirse con mayúsculas cuando nos preguntamos acerca del origen de formas de actuar, formas de ser y de pensar que no nos hacen muy felices.
Se suele achacar a la psicología de culpar a los padres de todos los males y desdichas que acontecen en la vida de una persona.
Esta es la manera en que yo entiendo este tema:

Cuando se recorre la propia historia (ya sea en el transcurso de una terapia, de una enfermedad, en momentos de introspección) en busca de comprensión de nuestra manera de ser, de nuestra manera de actuar, con los otros, con nosotros mismos- en las diferentes situaciones que nos tocan vivir (que no son por azar!)- no se trata de buscar culpables o responsables, sino de hacernos responsables de nuestro propio actuar y sentir.
El comprender que somos desconfiados porque hemos recibido reiteradas decepciones en nuestra infancia, o que descalificamos permanentemente al otro porque sólo hemos recibido críticas siendo niños, no justifica el culpabilizar a mamá y papá y complacernos con un “fue lo que aprendí de chico”.
Seguramente siendo niños hicimos lo que pudimos, lo cual fue seguramente escasamente comprendido por lo adultos que nos rodeaban, lo que no justifica que hoy en día sigamos haciendo lo mismo. Hoy como adultos podemos tomar conciencia de como actuamos, de lo que sentimos, de lo que hacemos impulsados por viejas y arraigadas costumbres, y como adultos podemos decidir continuar de la misma forma o intentar cambiar aquello que no nos gusta, que nos hace sufrir o que hace sufrir a las personas que nos rodean. Podemos reencontrarnos con nuestra verdadera esencia perdida en algún rincón de nuestra infancia…No es fácil, muchas veces lo más difícil es darnos cuenta que el camino que sigo no fue una elección con plena conciencia, que lo que soy no es lo que quiero ser, que aquello con lo que me identifico no tiene nada que ver conmigo y que lo que pude hacer tiene que ver mucho con las escasas alternativas que tuve para sobrevivir emocionalmente de niño y poco que ver con mi ser esencial, del cual estoy muy lejos, tanto, que no tengo idea ni por donde empezar a buscar…Pero quizás lo más sanador de todo esto es comprender que a nuestros padres les paso lo mismo, hicieron lo que pudieron, y aunque eso no fuera suficiente en su momento o me generara mucho dolor, hoy como adultos podemos intentar seguir otro camino, y aunque nos pasemos la vida intentándolo, nos estamos dando una oportunidad(lo que sin duda nos va a hacer sentir muy bien!), y vamos a estar logrando algo muy importante: abriéndole el camino a nuestros hijos y a las futuras generaciones. NO SE TRATA DE ECHAR CULPAS, SE TRATA DE TOMAR CONCIENCIA

martes 5 de mayo de 2009

Reproducción humana y el equilibrio psicofísico necesario para que se produzca la concepción

En el ser humano, como en casi todas las especies, la reproducción necesita de un equilibrio de todos los órganos involucrados en la misma, equilibrio que se puede ver afectado de manera significativa por lo emocional.

Para que un embarazo pueda ocurrir fisiológicamente hablando tiene que haber un óvulo que se una a un espermatozoide en lo que se conoce como concepción. Esto implica la necesidad de que el ovario de la mujer expulse un óvulo y la entrada al mismo de uno de los 200 millones (aprox.) de espermatozoides expulsados por el hombre en la eyaculación. En la mujer la hipófisis (glándula ubicada cerca del cerebro, que a su vez es regulada por el hipotálamo) regula la secreción hormonal del ovario permitiendo la expulsión del óvulo. La hipófisis, por ordenes del hipotálamo fabrica una hormona, la hormona foliculoestimulante (FSH) la cual estimula los folículos del ovario para que uno de ellos llegue a madurar. El folículo a medida que crece fabrica la hormona estriadol, un estrógeno (hormona sexual femenina) la cual permite el crecimiento del endometrio, fundamental para la implantación y nutrición del futuro embrión. Cuando el folículo esta maduro la hipófisis envía un pico de hormona luteinizante (LH), lo que permite la ovulación (24 horas después del pico de LH) y la producción de progesterona por las células que fabricaban estradiol (son las células del folículo ya ovulado que se convierte en una glándula hormonal secretora de progesterona, denominada cuerpo lúteo) Por acción de la progesterona el endometrio comienza a segregar diversas sustancias como azúcares, que sirven para crear un medio ambiente adecuado para la implantación del embrión. La acción del cuerpo lúteo se extiende por 14 días si no se produce un embarazo y hasta el tercer mes de gestación si este se produce, luego la placenta es la encargada de producir progesterona. Si no hay embarazo la falta de progesterona hace que el endometrio se desprenda e elimine al exterior en lo que se conoce como menstruación. Cuando el embarazo se produce el embrión fabrica una hormona (gonadotrofina coriónica humana, hCG) la cual le indica al cuerpo lúteo que siga produciendo progesterona hasta el tercer mes de gestación, momento en que la placenta comienza a funcionar.

Nos explica Niravi Payne, psicoterapeuta, fundadora del Programa Integral de la Fertilidad:
El hipotálamo, órgano ubicado bajo la corteza cerebral, actúa como centro retransmisor de mensajes producidos por factores emocionales desde el cerebro a los órganos reproductores. También se encarga de mantener el equilibrio hormonal sin el cual no es posible la adecuada maduración de los óvulos y espermatozoides. Debido a problemas de índole emocional puede interrumpir o disminuir la secreción de LHRH (factor liberador de hormona luteinizante) Esta hormona es la que le ordena a la hipófisis la liberación de FSH y LH, las dos hormonas más importantes en la reproducción. Esta comunicación hormonal alterada a lo largo del eje hipotalámico/hipofisario/gonádico es un elemento determinante de una de las causas más comunes que impiden la concepción: la ausencia de ovulación.
Las hormonas liberadas en respuesta al malestar emocional, tensión y ansiedad, irrumpen el flujo natural de las secreciones de la hipófisis. Con esta irrupción, la menstruación puede volverse irregular o puede anularse por completo. Fibras nerviosas a través de la médula espinal también relacionan el cerebro directamente con los ovarios, útero y trompas de Falopio. En los hombres, por conexiones similares entre el cerebro y los órganos reproductores, las tensiones pueden reducir el deseo sexual y causar impotencia.
No nos podemos olvidar que somos un todo! Las división mente-cuerpo es simplemente una ficción que nos hemos creído demasiado...

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María Giachino
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