martes, 15 de abril de 2014

Volviendo, escuchar o no escuchar la intuición...

Mucho tiempo sin escribir en este espacio, siempre pensando en volver, sin saber mucho cuando o como, esperando que el momento surja, y sabiendo que el perfil del blog no sería el mismo.
 Sabía que volvería con una voz más personal, mucho más personal, pero eso significa un compromiso mayor y para alguien que esta acostumbrada a resguardarse en la reserva eso implica una exposición que da mucho miedo. Empezar a escribir en este blog en el 2009 fue un desafío que en su momento implico atravesar el miedo a la exposición, sobre todo cuando uno surca una línea de pensamiento diferente a su entorno. Hay quienes no temen alzar su voz aunque esta difiera de la mayoría, hay quienes no temen contar sus experiencias, pero para quienes el silencio,la reflexión y el anonimato es un refugio seguro, traspasar esa frontera genera mucha ansiedad y miedo, aunque racionalmente sepamos que no va a pasar nada , absolutamente nada(al menos de lo temido!!!) Forma parte del aprendizaje que a cada uno le toca.

Hay un libro que por muchos años ha permanecido a mano en mi biblioteca para infinidad de consultas, Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer(Dra. Christiane Northrup, Ed. Urano, 1999) libro que recomiendo. La autora relata su miedo ante la primera publicación del libro: ¨ El mes siguiente a la publicación de la primera edición de este libro(1994) tuve una serie de pesadillas: alguien entraba en mi dormitorio y estaba a punto de matarme...Mis sueños eran mi nada sutil guía interior, que quería informarme del miedo que tenía una parte de mí de dar a conocer al mundo lo que yo sabía. Me sorprendió ese miedo. Aunque intelectualmente sabía que muchas mujeres tienen un muro de miedo en su interior, que se levanta cuando se atreven a decir su verdad, no me había dado cuenta de lo mucho que yo lo compartía¨. Salvando las diferencias, dado la magnitud de la obra de la Dra. Northrup, cuando empecé este blog me sentí igual. Ahora no es exactamente igual, hay temor,pero también alivio de poder sacar a luz mi voz.

No tengo tantos conocimientos ni sabiduría para compartir como la Dra Northrup, pero seguramente tengo algún granito de arena para aportar. Guardarme ese granito que tengo para compartir sería un acto egoísta basado en el miedo, miedo a quedar expuesta y vulnerable y el muy personal miedo a que los otros no les interese lo que tengo para decir. Son miedos válidos, no los minimizo, pero los quiero superar. No creo que este blog o el libro que estoy escribiendo vayan a cambiar el mundo, pero me contento si logro en algunas personas lo que muchos libros y entradas me permitieron a mi: pensar,reflexionar, emocionarme, vibrar, animarme a pensar de otra manera, romper con mitos y creencias arraigadas, generar mi propia forma de pensar y actuar, sentirme identificada con otros personas, sentirme menos sola, sentirme una con el resto del mundo.

La escritura la he sentido casi como un mandato en mi vida (así de fuerte como suena la palabra mandato lo siento yo). Me ha acompañado siempre desde que pude hacer uso de ella, y no puedo seguir ignorando la fuerza de su llamado sin sentir que no estoy cumpliendo con una parte importante del cometido y sentido de mi vida.

No tengo una vida llena de aventuras, no he recorrido el mundo, ni conocido otras culturas, no conozco a muchas personas, no tengo una larga trayectoria profesional ni un doctorado. Mi vida ha sido como la de la mayoría de la gente 'común'. Uno de los desafíos más grandes ha sido echar raíces en el país vecino al que nací, donde se habla el mismo idioma, donde las costumbres son muy parecidas, donde la idiosincrasia no difiere demasiado, pero igual me costo y me sigue costando. Invertí y sigo invirtiendo mucha energía en esta tarea.

También viví en carne propia un tema que me fascino desde joven (y quizás porque uno sabe lo que le va a tocar...), las dificultades reproductivas, en mi caso por no poder concebir por segunda vez, ya que tengo una hija. La adopción vino de la mano de este tema, aunque siempre fue el plan aunque tuviera hijos propios, ya que la adopción fue un tema que me dio vueltas desde la niñez (casualidad o nuevamente el saber interno del plan divino?)

Para quienes creemos en la reencarnación y que la vida en la tierra es la oportunidad para aprender, todo esto que les cuento de mi vida cierra mucho. Creo que nacemos y morimos y volvemos a nacer con el fin de ir aprendiendo y  evolucionando. Porqué NO somos seres evolucionados desde el principio, no lo sé, supongo que análogamente al crecimiento en un cuerpo hay a un crecimiento a nivel espiritual que conlleva varias vidas. Nacemos con una especie de plan divino, o como quieran llamarle que no anula el libre albedrío. Si cumpliéramos siempre con este plan probablemente no tendríamos que volver a reencarnar tantas veces!, así que supongo que solemos pifiar le bastante seguido gracias a nuestro libre albedrío! No quiero extenderme más sobre el tema de mis creencias espirituales (que han sido una construcción propia a lo largo de los últimos 20 años) ya que existen miles de textos mucho más claros y profundos que explican estos temas con mayor conocimiento. Me pareció necesario explicitar mis creencias ya que influyen mucho en mi forma de pensar  y han marcado mucho mis esfuerzos de los últimos años, y en especial el de transmitir lo que pienso escribiendo.

Racionalmente puedo desestimar muy rápidamente la coherencia de que tenga mucho para trasmitir a los demás, pero intuitivamente esto es una certeza absoluta. Escuchar o no escuchar esa voz interna, esa es la cuestión ;) Igualmente puedo pensar en algunos argumentos optimistas. Aunque nunca me entere de que manera, en que dimensión o a quienes he podido ayudar o inspirar con lo que escribo, creo que esto sucede de alguna manera, en algún lugar. Y no importa a cuantos individuos toque, ya que si llego al menos a uno, quizás esa era mi misión, llegarle a esa persona...lo cual puede ser mucho, especialmente cuando uno cree que uno es todo y todo es uno.  Lo que hacemos afecta a todos de alguna manera, aunque no seamos conscientes de ello.

Creo que existen dos niveles de realidad (y seguramente también más pero no tengo mucho conocimiento al respecto) íntimamente relacionados entre si. El terrenal o carnal y el espiritual (yo los nombro de esta manera porque a mi me resulta así bien clara la distinción) El terrenal es el que todos conocemos, accesible a través de todos nuestros sentidos y entendimiento, con el que lidiamos cotidianamente, del que nos enseñan en la escuela, y en todos lados. En este nivel trabajamos la mayoría de los psicólogos, incumbe al mundo emocional y de los conflictos por los que solemos consultar y que tanto nos afligen. Pero entrelazado y de forma indivisible se encuentra el nivel o ámbito espiritual del que poco sabemos.

Un ejemplo:
Un hombre y una mujer se conocen en una fiesta, el hombre le toma la mano a la mujer para que baile con él. Al contacto ambos sienten algo que nunca habían sentido antes, una química especial.

Interpretación terrenal: ambos estaban predispuestos a encontrarse con un otro que llenara el vacío emocional que ambos sentían en ese momento,  desde la psicología la lectura podría ser: son dos individuos que se encuentran en un momento de carencia afectiva, estaban en la misma situación: terminando una relación anterior y por eso se puede dar el encuentro. Los otros parámetros son pura anécdota y tiñen de romanticismo una situación de soledad o carencia emocional o aflicción.

Interpretación espiritual: dos almas gemelas se encuentran y sienten la conexión, se reconocen, porque escuchan su intuición o voz interna o guía interior o como más les guste llamarla.

Ninguna interpretación desde mi punto de vista excluye a la otra. Este hombre y esta mujer tenían que estar en una situación emocional acorde para que el encuentro se diera o facilitara, pero si no escuchaban a esa voz interna que les decía que esta persona era alguien especial para ellos podrían haber seguido su camino, ya que las dificultades para seguir juntos en ese momento eran múltiples y complejas. Como lo sé?, es el relato del día que conocí a mi esposo hace 14 años!

La sincronía entre estos dos niveles es siempre absoluta y perfecta. Ambos niveles son igualmente importantes. Por eso creo que actualmente, en lo que atañe a la evolución de las almas,  lamentablemente todos nos encontramos con varias trabas en ambos niveles: un muy pobre manejo de las emociones y  de los vínculos: las carencias emocionales están a la orden del día y por otro lado nuestro training en escuchar nuestra voz interna o intuición es escasa, por no decir nula. Dentro del nivel de lo terrenal nos enseñan a lidiar y concentrarnos con los aspectos más físicos, como el cuerpo y la obtención de un sustento,pero aquellos aspectos que lindan con lo espiritual como las emociones, los afectos o sentimientos, quedan a la deriva, así como nuestras vidas, porque sin el manejo del TODO que somos nunca estamos completos.

En esta primera entrada, del comienzo de esta nueva etapa, quería de alguna manera resumir mi línea de pensamiento, que más que línea es un círculo, porque todo esta conectado y es una continuidad que siempre vuelve a empezar...La invitación a leer estas líneas cuando sientan que en algo los nutre esta echa, también el agradecimiento por hacerlo, compartan o no compartan mi forma de pensar! Podemos hacer múltiples interpretaciones de la ¨realidad¨ o de la espiritualidad, puede que acertemos o erremos, no importa, siempre y cuando todos apuntemos a lo mismo y este basado en el mayor de las fuerzas terrenales/espirituales: el AMOR. Ahora que entendemos por AMOR, bueno... eso es para toda una entrada aparte ;) !

miércoles, 1 de agosto de 2012

Newsletter Laura Gutman Agosto 2012

El amor al prójimo


¿Hay algo para cambiar en el territorio público? ¿Vale la pena accionar en el ámbito de la política? Posiblemente sí, siempre y cuando incluyamos los cambios personales y recuperemos la capacidad de amar al prójimo. El “prójimo” es alguien muy cercano. Es nuestra mascota. Es nuestro hermano. Es nuestro compañero de oficina. Es nuestro hijo. Es nuestra ex suegra. Pero ¿hay que llevarse bien con todo el mundo? No, sería estúpido pretenderlo. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es comprendernos y compadecernos del niño que hemos sido. Entonces podremos comprender y compadecer incluso a quienes nos hacen daño, a quienes hoy no nos cuidan, a quienes nos maltratan en la actualidad sin darse cuenta.


Si no asumimos individualmente la responsabilidad de comprendernos y comprender al prójimo, no habrá cambio posible. No hay movimiento político ni régimen gubernamental que haya demostrado jamás, que la solidaridad pueda instalarse de manera sistemática entre los seres humanos a nivel colectivo. No hay cambio político posible si creemos que se trata de pelear contra nuestros contrincantes. Eso no tiene nada que ver con un posible orden amoroso a favor de las comunidades. Las peleas y las “luchas” políticas no le sirven a nadie, salvo a quien necesite alimentarse de alguna batalla puntual o a quienes anhelan detentar más poder para salvarse.


Entiendo que a todos nos interesa aportar un granito de arena a favor de un mundo más amable y ecológico, más solidario e igualitario, más interesado en elevarnos espiritualmente, intelectualmente y creativamente. Para ello, tenemos que comprender que las luchas personales sólo fueron recursos de supervivencia en el pasado, pero que hoy no tienen razón de ser si las comprendemos dentro del contexto de nuestras experiencias de desamparo.


Estoy convencida que las revoluciones históricas se gestan y se amasan adentro de cada relación amorosa. Entre un hombre y una mujer. Entre un adulto y un niño. Entre dos hombres o entre cinco mujeres. En ruedas de amigos. En el seno de familias solidarias. Si no conocemos ninguna, es hora de ponernos esa responsabilidad al hombro. Esta es la ocasión perfecta para detectar los mecanismos de supervivencia que han sido imprescindibles cuando fuimos niños, pero que ahora se han convertido en un refugio caduco. Es momento de utilizar las herramientas con las que sí contamos, comprendiendo y agradeciendo aquello que hemos sabido hacer en el pasado. Ya está. Es tiempo de madurar. Hoy tenemos la obligación de ofrecer nuestras habilidades, nuestra inteligencia emocional y nuestra generosidad al mundo, que tanta falta le hace.


Laura Gutman.

Extracto del libro “Amor o dominación: los estragos del Patriarcado” de próxima aparición.



miércoles, 2 de febrero de 2011

Newsletter Laura Gutman Febrero 2011

Patriarcado, represión sexual y partos dolorosos 

Las mujeres llevamos varios siglos de historia sumidas en la represión sexual. Esto significa que hemos considerado al cuerpo como bajo e impúdico, a las pulsiones sexuales malignas y a la totalidad de las sensaciones corporales, indeseables. ¿En qué momento aprendemos que no hay lugar para el cuerpo ni el placer? En el mismísimo momento del nacimiento. Segundos después de nacer, ya dejamos de ser tocados. Perdemos el contacto que era continuo en el paraíso uterino. Nacemos de madres reprimidas por generaciones y generaciones de mujeres aún más reprimidas, rígidas, congeladas, duras, paralizadas y temerosas de acariciar. Entonces el instinto materno se deteriora, se pierde, se desdibuja.

En este contexto, las mujeres con siglos de Patriarcado encima, alejadas de nuestra sintonía interior, no queremos parir. Es lógico, ya que nuestros úteros están rígidos y así duelen. Nuestro vientre está acorazado y nuestros brazos se defienden. No hemos sido abrazadas ni acunadas por nuestras madres, porque ellas no han sido acunadas por nuestras abuelas y así por generaciones y generaciones de mujeres que han perdido todo vestigio de blandura femenina. Por eso cuando llega el momento de parir nos duele el cuerpo entero por la inflexibilidad, el sometimiento, la falta de ritmo y de caricias. Odiamos desde tiempos remotos nuestro cuerpo que sangra, que cambia, que ovula, que se mancha y que es inmanejable. 

Es importante tener en cuenta que además del sometimiento y la represión sexual histórica, las mujeres parimos en cautiverio. Desde hace un siglo -a medida que las mujeres hemos ingresado en el mercado de trabajo, en las universidades y en todos los circuitos de intercambio público- hemos cedido el último bastión del poder femenino: el parto. Ya no nos queda ni ese pequeño rincón de sabiduría ancestral femenina. Se acabó. No hay más escena de parto. Ahora hay tecnología. Máquinas. Hombres. Tiempos programados. Drogas. Pinchaduras. Ataduras. Rasurados. Torturas. Silencio. Amenazas. Resultados. Miradas invasivas. Y miedo, claro. Vuelve a aparecer el miedo en el único refugio que durante siglos permaneció restringido a los varones. Resulta que hasta esa cueva íntima, hemos abandonado. Haber entregado los partos fue como vender el alma femenina al diablo. Ahora nos toca a las mujeres hacer algo al respecto, si nos interesa recuperar el placer orgásmico de los partos y si asumimos el poder que podemos desplegar en la medida que los partos vuelvan a ser nuestros.
Laura Gutman.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Newsletter Laura Gutman Diciembre 2010

 NOVEDADES



Las fiestas de Fin de Año

Perdidos en el consumo de bienes materiales, olvidamos que estamos recordando el nacimiento del Niño Jesús y el mensaje de amor que traía consigo. Habitualmente estamos abocados a saber quién regaló qué cosas, quien se olvidó, quien cumplió con todos y si nuestra familia ha sido justa en la repartición de los obsequios. También comemos con exageración. Brindamos y bebemos más que de costumbre. Y a la cama. Si ésa ha sido la realidad durante los últimos años de festejos familiares, quizás podamos hacer pequeños movimientos que nos satisfagan más y que llenen de sentido esas noches tan especiales. Tal vez podamos volver a cierta intimidad, reunirnos con pocas personas y regalar a cada uno un escrito colmado de agradecimientos. Y para los niños, algo fuera de lo común, soñado, imaginado y en lo posible no muy caro. Los niños tienen derecho a recibir una hermosa carta escrita por Papá Noel felicitándolos por sus virtudes, firmada con letra dorada. Alguien puede regalar un breve concierto de piano o una pieza tocada en flauta dulce. Podemos abrir los álbumes de familia y mirar fotos viejas durante horas, mientras los niños descubren a sus abuelos con cabello, a sus padres siendo niños y a novios y novias que quedaron en el olvido. Sería emocionante ofrecer a los comensales dos minutos de tiempo para pedir un deseo en voz alta, comprometiéndonos a intervenir para que se haga realidad. Y desde ya, podemos hacer silencio. Pensar. Meditar. Rezar. Ponernos las manos en el corazón. Darnos cuenta que estamos juntos. Contarles a los niños algo relativo al nacimiento de cada uno de ellos. En fin, cualquier gesto amoroso, cargado de ilusión y respeto, que nos recuerde por qué estamos juntos, es perfecto para un verdadero día de fiesta compartida.

¿Y si hay familiares que no están dispuestos a modificar las rutinas repetidas en años anteriores? No pasa nada. Pero hay algo que sí podemos hacer: revisar si el modo en que históricamente hemos celebrado, ahora encaja con nuestra realidad. Por ejemplo, evaluemos si con bebes muy pequeños, vale la pena estar lejos de casa hasta altas horas de la madrugada, o si es saludable someter a los bebes, a ruidos y música inadecuados. Observemos si nuestros niños se sienten cómodos entre familiares que ven una sola vez por año. Registremos si estamos arrastrando a nuestros cónyuges a circuitos donde no son bienvenidos o se sienten incómodos. Examinemos si nuestro deseo está alineado, o bien si seguimos mandatos obsoletos como por ejemplo asistir a la casa de tal rama de la familia, porque siempre ha sido así y nunca nadie lo ha cuestionado. En cualquier caso, evaluemos si hemos organizado los festejos de fin de año de acuerdo a nuestra realidad familiar o en cambio, en base a los mandatos establecidos.

Sin ninguna duda -si hemos extraviado el sentido profundo de estas reuniones- los niños no tardarán en manifestar sus incomodidades a través de enfermedades, llantos o simplemente portándose muy mal. Si ése fuera el caso, en lugar de castigarlos, examinemos si hemos arrastrado a toda nuestra familia a un sitio absurdo, justo cuando era momento de encontrarnos con nosotros mismos.
Laura Gutman.

martes, 5 de octubre de 2010

REFLEXIONANDO SOBRE LA FIV


El investigador británico Robert G. Edwards es el ganador del Premio Nobel de Medicina 2010 por sus investigaciones sobre la fecundación in vitro, comunicó hoy el Instituto Karolinska de Estocolmo. Más de cuatro millones de personas nacieron gracias a este procedimiento desde que Edwards inició las investigaciones.


Creo en lo valioso de este procedimiento que ha logrado concretar el deseo de miles de parejas que no podían tener hijos.  Pero hoy en día la FIV se ha extendido al punto de practicarse en casos que no lo justifican, pero que por razones económicas resulta más rentable para el médico y además calma rápidamente la ansiedad del aluvión de parejas que consultan y que quieren una respuesta rápida acorde a los parámetros actuales de la sociedad consumista: para ayer. Cuando tenemos algo concreto para hacer y "científicamente avalado" nos quedamos más tranquilos que si nos recomiendan el incierto camino del equilibrio personal y de pareja. Cuanto más alejados de lo emocional estemos en la búsqueda de este hijo más tranquilos nos quedamos...pero la concepción se trata justamente de eso: involucrase íntimamente con el otro, tener un lugar calentito y tranquilo para acobijar una nueva vida y conectarse con emociones profundas. 

Estoy de acuerdo que no todos los que tienen hijos cumplen estos requisitos pero existen otros a quienes la vida nos obliga a entrar en armonía con nosotros mismos y nuestro entorno para lograrlo. A cada uno la vida le marca el reencuentro con su alma de distintas maneras: enfermedades, accidentes, decepciones, sustos...a algunos nos toca el camino de la dificultad para ser padres. Quienes llegamos a buen puerto con mayor conciencia y conocimiento de nosotros mismos y de la persona que nos acompaña en este camino, somos grandes afortunados.  

La FIV es una herramienta  maravillosa cuando esta acompañada de cautela  y conciencia en su uso, tanto de los médicos que la practican como de las parejas que deciden llevarla acabo. 

viernes, 1 de octubre de 2010

Newsletter Laura Gutman Octubre de 2010




Hijos adolescentes

El adolescente se va a dormir una noche y a la mañana siguiente despierta con un cuerpo que no le pertenece, envuelto en sensaciones nunca antes percibidas. Desregulados como estamos todos en la sociedad de consumo, los adolescentes tienen fuerza suficiente para cazar rinocerontes y valentía para internarse en la selva. Sin embargo los tenemos aferrados a sus pupitres, haciéndoles creer que no son capaces, que no pueden adquirir autonomía, que no son mayores de edad, y que deben prolongar la infancia de mandatos y obediencias debidas. El cuerpo y el alma del adolescente puja por volar lo más lejos posible del hogar de los mayores, pero suele quedar atrapado por las convenciones que determinan que hasta los 18 años, eso no se hace. Los jóvenes se encuentran con más fuerza física y sobre todo, con sentimientos opuestos a los de los padres o maestros amados. Si tienen el coraje interno para desafiar a los mayores, la consecuencia va a ser la expulsión -en términos emocionales- del territorio de intercambio afectivo. Y para rematar, los padres aumentaremos el control sobre los actos que pretendan desplegar. 

Si los adultos comprendiéramos que los adolescentes necesitan auto regularse entre ellos, permitiríamos que se junten más, convivan más entre pares, resuelvan más y mejor sus asuntos y sobre todo, facilitaríamos las cosas para que vayan calibrando armónicamente la capacidad de valerse por sí mismos. Suponer que la adolescencia es sinónimo de dolor de cabeza para los padres, es una estupidez. Si han sido niños amados y acompañados sin exigencias desmedidas, la adolescencia transcurrirá con separaciones saludables, cortas y confianza establecida. Pero si quienes son adolescentes hoy, ayer han sufrido el abandono emocional en cualquiera de sus formas, la confrontación hacia los adultos será dura. 
Todo pasaje entre la infancia y la adultez requiere pruebas de valentía. A falta de rituales organizados en nuestra moderna sociedad, los jóvenes se calzan la mochila al hombro y salen al bosque, dispuestos a enfrentar ciertos peligros, obstáculos y aventuras que efectivamente tendrán que superar. Todo viaje de iniciación es un adiós al hogar de la infancia, una preparación para medir las capacidades personales de supervivencia y calibrar la autonomía que pueden desplegar a partir de ese momento. Quienes hayan recibido suficiente amparo, sabrán distinguir entre aquello que vale la pena enfrentar y lo que no. En cambio, quienes provengan de historias de descuido o maltrato, caerán en las garras de feroces depredadores, confundiendo arrojo con fragilidad interior.

Laura Gutman.
Texto extraído del libro “La Familia Ilustrada” de Laura Gutman con dibujos de Micaël, que será publicado en noviembre de 2010.